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Una Historia Maravillosa
Después de muchos
años de conocer a Felix Morales Ceballos y cuando ya era mi compadre, una tarde
lluviosa, en su casita de Huitzilac, Morelos, estábamos conversando tranquilamente
sobre las maravillas de la vida, el nagual, la salud, el espíritu, las plantas
medicinales y temas relativos a los diarios milagros que acontecen a nuestro derredor.
Y de repente dijo Don Felix que me iba a platicar cómo le enseñaron lo más importante
de su conocimiento, a continuación presento una síntesis de lo que me comunicó: "Cuando
yo era niño, un día me enfermé y tuve mucha fiebre, en esas condiciones estaba
acostado en mi cama y durmiendo cuando vi que un par de enormes ángeles me tomaron
por las axilas y me llevaron a un lugar muy bonito donde todo era hermoso, limpio
y brillante, un lugar en el que me sentía muy bien y muy contento. Ahí conocí
a un señor con barba blanca y vestido de blanco como con una túnica, estuve mucho
tiempo en ese sitio y me enseñaron muchas cosas
.". "Yo
estaba muy contento en ese lugar, recuerdo que nunca tenía frío, ni dolor, ni
penas de ningún tipo como las que uno tiene aquí en este mundo, pero un día el
señor de blanco que me quería mucho, me dijo que me tenía que regresar a mi casa
Yo le contesté que ni loco me regresaba que yo estaba muy feliz ahí con todos
ellos, pero el me dijo que yo tenía que regresar para ayudar a mucha gente que
lo necesitaba
Yo me negué rotundamente y entonces dos grandes ángeles me
tomaron por debajo de los brazos, uno a cada lado y me forzaron a regresar, cuando
me metieron a mi cuerpo, me desperté sin fiebre completamente aliviado, me levanté
de un salto de mi cama y me salí a jugar a la calle con mis amiguitos, en mi casa
no había pasado el tiempo y nadie se dio cuenta de lo que yo había experimentado,
anduve muy contento y después poco a poco como que se me fueron olvidando muchos
detalles que a través de los años he ido recordando una vez más. Desde ese día
empecé a curar a mis amiguitos cuando se lastimaban y yo nunca sabía cómo lo lograba,
me daba risa, mucho gusto y siempre le he dado gracias a Dios
". El
sigue curando, actualmente su fama ha trascendido las fronteras y esta es la esencia
de la charla de Felix Morales Ceballos, ya que me ha relatado la historia varias
veces y siempre aporta muchos pequeños detalles que no me había dicho en cada
ocasión anterior, pero lo que aquí transcribí es lo que siempre ha sido común
a mi leal saber y entender. Al
final de su relato, emocionado hasta las lágrimas, siempre termina diciéndome: "Por
eso Don Manuel, mi compadrito del alma, siempre hay que recordar que el único
que cura es nuestro Padre Dios, aunque nosotros no podamos entender como lo hace
a ver, explíqueme usted eso
". Se
seca las lágrimas de los ojos, se ríe, cambia de tema abruptamente y casi siempre
me propone que lo acompañe a algún viaje corto. 
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