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Las predicciones acerca del Comercio Electrónico y sus alcances a estas
pequeñas alturas del siglo XXI, no han encontrado un apropiado caldo de
cultivo, a pesar de los avances y aperturas que se han dado en materia de comunicaciones,
legislación y carretadas de creatividad y talento que las soportan, mismas
que están cobijadas bajo el gran manto de la globalización mundial. Éste
tan llevado y traído concepto de "globalización", no debe
entenderse únicamente en los ámbitos de la economía y los
grandes negocios -como tristemente piensa la mayoría de la gente. Su verdadero
sentido se trasciende a sí mismo, al cruzar las fronteras de la comunicación
humana, la cultura, la economía y la ecología, dedos impulsores
de una primera ficha en un "efecto dominó" del que sin habérnoslo
propuesto, nos hemos convertido en una más de las fichas, en esa serie
de impulsos y reacciones potenciales. La globalización, no justifica
su existencia por sí misma como un resultado automático y casi bizarro
de la evolución humana: se concibe, nace con responsabilidades adultas
y se justifica por la existencia de los instrumentos que se aprovecharon para
darle vida y lo sustentan apuntalando su operación, como lo es la Informática
y dentro de ésta, el Comercio Electrónico (E-Commerce) a través
del gran experimento informático: la red global mundial, representada por
Internet (INTERnational NETwork). En estas condiciones, el Comercio Electrónico
se vuelve una realidad y se integra a nuestra nueva vida globalizada. Las grandes
empresas que ya operaban bajo la tecnología EDI (Electronic Data Interchange
o Intercambio Electrónico de Datos), con el concepto bien asimilado, migran
rápidamente al Comercio Electrónico para continuar sus operaciones
globales con proveedores y grandes clientes utilizando las bondades de Internet. Paso
a paso, las empresas de nivel medio empiezan a incursionar en el Comercio Electrónico
aunque no plenamente, ya que muchas de ellas únicamente lo que buscan inicialmente
es tener una presencia en Internet para no mostrar una aparente desventaja comercial
en frente de sus competidores, seguramente más osados, informados o visionarios. De
esta forma, "los académicos" del Comercio Electrónico
bautizan a estas operaciones como "B2B" (Business to Business -Negocio
a Negocio), para identificar las antiguas operaciones EDI que se realizaban entre
grandes fabricantes, sus proveedores y principalmente grandes compradores. Pero
la evolución continua y así, el Comercio Electrónico traspasa
las aspiraciones de las empresas medias y pequeñas, en una búsqueda
por cubrir el mercado representado por los potenciales compradores internautas
o eslabones finales de la cadena económica: El consumidor final. Entonces,
a estas operaciones se les da el nombre de Operaciones "B2C" (Business
to Customer -Negocio a Consumidor). ¿Pero como se ha dado este cambio
de mentalidad en los negocios oferentes de productos y servicios?. En muchos
casos, a través del conocimiento por la investigación y preparación
de sus recursos internos; en muchos otros por la adquisición de asesoría
externa de especialistas y en otros que desafortunadamente no son pocos, por un
afán presencial y una cándida premonición de "grande$
negocio$" hacia el mercado potencial que representan los millones de navegadores
de la red global. Ya imbuidos de este espíritu, las empresas y muchos
particulares invierten grandes cantidades de dinero en los llamados portales,
compras de talento, soluciones para Comercio Electrónico e infraestructura,
publicidad, etc., frotándose las manos tras el escritorio, mientras observan
las primeras estadísticas de visitas a sus sitios "Web", que
por la novedad registran grandes volúmenes de entradas a ellos, por lo
que no resisten la tentación interior y muy humana de multiplicar el número
de visitantes al sitio por el monto promedio de compras potenciales. JÁ. Grandes
presupuestos deforman los tradicionales reportes contables, incluyendo autos nuevos
para los nuevos ejecutivos, yuppies y gurúes del Comercio Electrónico,
oficinas casi de estilo espacial, fuertes inversiones en telemarketing y nuevas
prácticas corruptas como compras subterráneas de bases de datos
de direcciones de correo electrónico obtenidas a través de Internet
o robadas de grandes empresas comerciales o financieras. No son pocas las
empresas y los empresarios que invierten en la creación de "negocios
virtuales" con la idea de eliminar organigramas, flotillas de vehículos
con un flamante nuevo logotipo y con ello crear una expectativa fabulosa de ingresos
potenciales a través de Internet. Pero las sorpresas continúan.
En la medida en la que se recopila más información, se descubre
que la mayoría de los navegantes en Internet, son gente joven -y no dicho
en sentido peyorativo- sin capacidad de compra; otro gran segmento, son navegantes
solitarios, en la red y en su vida personal, cuya intención primaria no
es la de comprar, pero sí de obtener relaciones virtuales. En este
orden de cosas, en poco tiempo y tristemente se descubre que la pretendida panacea
comercial, transmuta su naturaleza en amarga cicuta mercantil. Esto no representa
un fracaso del Comercio Electrónico. Aún en estos días de
Octubre del 2001, los países del mundo "bis" (pretendientes al
primer mundo), arrastrados a la multimencionada globalización por inercia
o por adhesión, se encuentran en un proceso de modificaciones al vapor
para adaptar sus leyes y reglamentos al "nuevo orden comercial", como
lo demuestra la reciente reunión de los países integrantes del Grupo
de Río, quienes están tomando como base las recomendaciones de la
ONU, la OEA y estudiosos de los fenómenos económicos. La práctica
hasta hoy, ha demostrado que la presencia en Internet y el Comercio Electrónico,
deben ser un refuerzo de presencia y un canal más para promoción
y venta de los productos y servicios de una empresa ya establecida; dicho de otra
forma, de un negocio real. En complemento a esto, es necesario revisar y
modificar los conceptos de la mercadotecnia y la publicidad para Internet ya que
los potenciales consumidores no son los mismos receptores de los mensajes tradicionalmente
postulados por estas disciplinas. Ésta ha sido una etapa de transición.
Aún estamos a tiempo para caminar hacia la integración global en
consensos nacionales que nos permitan prepararnos y engranar las legislaciones,
la cultura informática, los especialistas y las herramientas para lograr
un verdadero aprovechamiento de las ventajas que brinda a las empresas la red
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