¿Qué caza el depredador?.
El depredador termina por cazarse a sí mismo.
La ambición siembra raíces y es el fundamento del poder porque anima
a poseer todo lo que se ambiciona y se convierte en amoral, irracional, violento
para poder combatir poder con poder. Cuánta gente piensa "mejor
aplastar que ser aplastado" y antes de cualquier cosa ejerce el poder
como un cinturón de seguridad para preservar su espacio, sin ver que su
espacio no lo abarca todo, sino una parte y cuando él otro toma las armas
aunque sea de palabra (jefes, padres, amigos) entonces se dice atacado. ¿Quién
fue primero, el huevo o la gallina?. En general siempre es la madre la primera,
la madre de las guerras es el hombre. "El arte de la guerra"
de Maquiavelo- no es
un escrito militar solamente, es un tratado que señala con claridad lo
que el General debe encarnar ante los ojos de los soldados y se puede aplicar
a la vida cotidiana, a la casa, al trabajo; saber de uno mismo es la gran cacería;
es atreverse a destripar al depredador que nos habita y mucho más que eso
es aprender a vivir en Territorio Comanche con la decisión personal de
hacer de él un campo de guerra o un campo de paz. La virtud del General
es saber jugar con la imagen de fondo y forma. No se necesita ser ni razonable,
ni honesto porque lo único que lo lleva a tomar decisiones es hacer todo
lo que le permita establecer y conservar el poder. Puede crear las normas sin
la obligación de seguirlas. Es obsceno el asunto porque se supone que hay
que poner el ejemplo. Pero de malos ejemplos estamos llenos. Las noticias no hablan
mucho, por no decir casi nada, de los actos buenos, heroicos, sanos y amorosos.
Eso es novela rosa y nadie quiere comprar una a la luz del día aunque la
haga a solas. No es que los países poderosos quieran acabar con el
mundo, o con una bomba terminar con la vida así nada más; porque
¿quién trabajaría para los planes de poder?. No lo hacen
en tono magnánimo, ni por ser buen o mal rollito, sino porque su victoria
es parte de su medida. Existe la fatalidad política unida como el cordón
umbilical al marco finito que tiene la existencia humana. Es bien fácil
parecer un Rey y hacer un Imperio pero mantenerlo no está en manos de un
solo hombre, sino del hombre y detrás de él, estamos todos los seres
humanos. Sí el presente suena a guerra es porque nunca ha dejado
de sonar. Y ¿qué culpa tenían los que sólo pasaban
por la calle de NY el 11 de septiembre?, ¿qué culpa los de los aviones
o edificios?, ¿qué culpa tiene el ser humano que creyendo en otro
es engañado, pisoteado, ejecutado?; y no es una guerra, sino en lo cotidiano. ¿Culpa?,
estamos hartos de la culpa, no se trata de culpas, parece que somos peones; piezas
de un ajedrez mal construido. Las guerra no devastan a los ejércitos, sino
a la población civil, precisamente a mujeres, niños, familias, sociedades
que una de tres, o lo toman como castigo y se someten no en el libre albedrío
sino el servilismo del albedrío de unos cuantos o toma su casco de guerra
y lucha, combate desde la resistencia o simplemente se queja sin hacer nada. Desde
que tenemos uso de razón la guerra siempre ha estado es el estado perenne
del hombre o algo parecido al estado normal. ¿Cuántas guerras?,
¿algún año ha pasado sin alguna?. La primera, segunda guerra,
la del Congo, la de Vietnam, del Golfo, el sueño de la sociedad perfecta
es la utopía. Donde perdemos la visión clara es que, hay
un Macro y un Microcosmos, el micro es el individuo, la familia, el macro va creciendo
hasta llegar al universo. Si el micro no podemos gobernarlo el macro tiene por
futuro ser sólo una repetición porque no aprendemos de lo que hubo
y no tomamos las riendas del hacer hoy para mañana. Aunque soñaramos
con una paz larga y profunda no existe en realidad, la vida es un constante cambio,
quién niega la posibilidad de ésto entorpece su propia existencia.
Nada es para siempre, ni la paz... ni la guerra, pero equilibrar la balanza en
actitud, eso sí es una decisión personal.... ¿me sigues?.
La paz no se sueña, se hace en el día a día. Dicen
que desde la guerra es donde se tiene la posibilidad de combatir por la paz. Y
ya que hay guerra y está en todos los noticieros y siempre ha estado y
estará ¿qué tal si vamos por la paz?. ¿Combate
por la paz?. Parecen antagónicas pero forman parte del revés
o el derecho de la trama vivencial. Como el día y la noche que no son opuestos,
uno cae y consolida al otro. La paz se disfraza de humillación cuando
nace del servilismo, porque no es el estado normal. Hay guerras de todos tipos,
en las casas las llamadas guerras frías también existen, o guerras
donde se finge vivir en paz. Las paz tiene intermediarios, la guerra aliados;
la tregua es un estado transitorio y bilateral. sí la paz tuviera aliados
otra cosa sería. Sí la paz surgiera de las pasiones sería
otro rostro el que contemplaríamos. La paz tiene razones morales y éticas,
la guerra sólo tiene el rostro del engaño. Una no sabe de
qué reír o porqué llorar, se ven las manifestaciones oponiéndose
a la guerra y estas marchas pacificas terminan en violencia. Será que venga
de donde venga la violencia engendra violencia. La paz es la vida, pero curiosamente
la paz se logra dándole marco a la guerra. El estado normal del mundo es
caótico y las leyes no están basadas en razones morales y éticos,
sino en incisos colocados de tal manera que viéndolo de alguna perspectiva
diferente gana no la legalidad, sino el saber que la justicia, pobrecita ella,
es ciega. Hay estudios, filosofías, comentarios sobre la guerra,
llaman poderosamente la atención ciertas frases: "los conflictos entre
los cuerpos políticos han sido sublimados por medio de la guerra exterior,
a fin de salvar la paz interior". Desde el tiempo de los tiempos la guerra
nos la venden como liberación. Donde hay guerra ya no hay lenguaje que
intercambie soluciones. "Los ciudadanos luchan mejor cuando el enemigo
es exterior. Lo contrario de la paz , no es la guerra exterior, es la guerra interior".
"Del grado de cohesión de un pueblo depende su tranquilidad". Tratan
con la guerra de suprimir y erradicar diferencias y aún los pueblos, la
gente, los individuos debemos tener claro quién es amigo y enemigo. Ya
lo decía Gracián
en su Oráculo sobre el sentido común "un ser humano sabe
que es necesario elegir bien a los amigos y a los enemigos y valerse de ambos.
Un ser humano no debe engañarse sobre el mismo ni sobre nadie".
Hay heroísmo en la vida diario y es en el macrocosmos donde los
políticos o los poderosos imperios económicos encarnan la naturaleza
humana pervertida y que pervierte. Es en el individuo donde los problemas y las
diferencias son en verdad un sostén al cual se adhiere y sobre los cuales
se apoya, porque marcan y señalan los límites y éstos siempre
nos dan en apertura a la capacidad de evolucionar o de quedarnos tal cual. Los
límites son sanos cuando las leyes de la tribu van hacia la evolución.
Decía el mismo Gracián que "el hombre no valora lo que entiende
y venera lo que le es indescifrable". Veneramos esas noticias que nos
dicen cosas que no logramos descifrar, como el traje del emperador, sería
un idiota el que no lo viera; y aunque no lo vemos somos incapaces de decirlo. La
historia se nos olvida para proseguir sobreviviendo disfrazando los miedos, el
dolor y las pérdidas, se puede vivir de la experiencia o con ella, se pueden
guardar los recuerdos pero sin necesariamente flagelarse con ellos. ¿Un
minuto de silencio?. Necesariamente sí, pero no se puede vivir en
un duelo cotidiano. Duele los niños con hambre amorosa y de la otra, los
perros o animales maltratados, los adultos solitarios, los jóvenes desesperanzados
que van diciendo que todo dá igual, la amargura en general que va creciendo
como virus, mutando de un lado a otro. "El ardor que destruye rara vez
se asocia con la paciencia que construye". En el 1023 bajo la ley berebere,
el desorden, la inseguridad y el desempleo aumentaron..." Podría ser
el 2023 o el 2012, no hay mucha diferencia pero no dá igual. Por
el 166 en Roma había más o menos 2000 muertos diarios y además
las inundaciones destruyeron las cosechas, los transportes se desorganizaron,
llego la hambruna y para colmo la peste se hizo presente; empezaron a darse nuevas
religiones y la que más ofreció con el paso de los años fue
la cristiana por aquello de la inmortalidad. Ya lo decía la sabia mujer
Antaki "los muertos
aplastan a los vivos. Pero los vivos tienen la obligación moral de ganar". No
creo en los "grandes cambios/grandes escalas", sino en pequeñas
acciones, en conservar entorno mínimos razonablemente sanos porque de granito
en granito de arena se hace una playa. Aunque estamos deseosos de grandes obras,
es sólo haciendo pequeñas obras como se puede llegar a lograr una
obra magna. Pero claro en el macro y en el microcosmos, cuando a los líderes,
padres, jefes se nos acaba la persuasión, la gracia, la seducción
y la manipulación nos queda la guerra o el ejercitamiento del poder puro
y duro. Creo en los cambios personales, en los cercanos. Educar con amor
y con valores. Quizás es otra utopía. Educar fuera de la sicología,
usando el sentido común, el amor y el ejemplo. ¿Sacamos
otros conejito del sombrero?. Antes los maestros y ancianos contaban con
el respeto por la sabiduría que dá naturalmente la experiencia y
que era puesta al servicio de los demás; no todos merecieron el respeto
porque no todos tenían la vocación de enseñar. Transmitir
el conocimiento es vocacional, no se dá así como en el automático,
tampoco la capacidad de filosofar, aunque todos la tenemos, pocos quieren ejercerla,
quizás suena a demasiado pasada de moda. También es que unos dicen
que son filósofos o tienen la verdad cuando en realidad quieren manipular
pertrechados en sus buenas ideas o intenciones. Para maestros y padres hay que
tener vocación ¡no todos la tenemos!, quién no la tuviera
ojalá se abstuvieran de ambos y no se dejara llevar por el río de
voces que dicen ¿cuándo, cuándo?, pues nunca... ¡mi
vocación es de otra cosa!.
Ahora que si ya tenemos hijos pues habrá
que sacar la vocación de los cojones o de los cajones o de los conejos
¿no? :) sólo para no tener delincuentes criados con cereales marca akme. Además, tampoco se necesita tanto para educar en el amor,
sólo sentido común y respirar en el respeto.
Continuar:
La paz y la guerra se aprenden en casa
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