
No hay que odiar para hacer una guerra.
Hay países con más
carga histórica que otros; unos más jóvenes, otros místicos;
alrededor de la geografía, de la naturaleza también se teje el destino
y la historia. La historia tiene que ver con conocimiento interior, con
conciencia individual, con raíces profundas a la tierra. Conceptos que
no tienen que ver con la política, con el desarrollo económico y
menos con la verdad. Si partimos de que mentir "consiste en decir lo contrario
de lo que se piensa, no lo contrario de lo que es", como coincidieron
Constant y Kant, entonces podremos visualizar el tinglado de la guerra como tragedia
y farsa perenne y más aún, la guerra es la constante de la vida
en la tierra desde que el ser humano está en ella. Para poder hablar de
la paz hay que empezar por la otra cara de la moneda. Tragedia
y Farsa
Ya lo decía Marx respecto a que los eventos grandes "se
dan usualmente dos veces la primera bajo la forma de tragedia, la segunda como
farsa". Y la palabra "guerra" atraviesa por esta segunda fase,
la farsa de la guerra encadena, une eslabones en combates y teja la historia de
la humanidad en un manto de sangre. La farsa es emprender una guerra para romper
los eslabones que hacen más fuerte las cadenas.
¡Ay de nosotros
si dejamos que nos borren, nos aterren, nos pluralicen!. No hay nada más
aberrante que creer esas mentiras; primero dioses que devoraban y comían
a los hijos de los hombres o que arrancaban el corazón de alguna virgen
para calmar la ira de los dioses; más tarde, el cambio de visión
llamado civilizado "hay que morir en el nombre de Dios". La misma
gata nada más que revolcada. Y seguimos tragando las mentiras de las farsas,
viviendo en la tragedia común que es la guerra. ¿Vivimos
como bárbaros?
Pues hay mucho de eso, tampoco es algo nuevo y tampoco
antes el ser humano fue mejor como habitante del mundo; el mundo ha evolucionado
-ahí están las piedras para decirlo- y el hombreo mejor dicho, y con más razón, los hombres en su naturaleza
bárbara camina hacia atrás y apenas un suspiro hacia adelante. No
hemos evolucionado; la memoria es corta, el ser humano puede o consiente la barbarie
y ésta cambia al mundo, ni para bien, ni para mal, sólo lo cambia.
No hubo tiempos mejores, hay fragmentos de sociedad que mejoran ciertas circunstancias
pero en general, somos unos bárbaros. Tampoco es un juicio con destino,
podemos ser mejores sí algún día de verdad nos lo proponemos,
pero no de manera generalizada, sino en forma individual. En tiempos de
guerra el mundo adquiere otro sudor, otro sabor, otro entorno y nunca hemos tenido,
históricamente hablando, un tiempo de paz absoluta en el mundo. En algún
lugar Caín ataca a su hermano Abel. En algún lugar alguien mata
o muere en nombre de Dios. En algún lugar, una pareja en nombre del amor, destruye precisamente el amor, sólo porque ambos creen tener la razón (y quizás, hasta la tienen)
Los que no tenemos una guerra declarada, nos unimos
en manos pro-pacificas, nos hacemos casi uno, para generar marchas "pro-paz" no "contra la guerra"; ya que lo que más atacas, es justo lo que tienes.
Parece un motivo de unión, cosa que en la paz no se ve tan fácilmente.
El hombre cuando lo tiene cubierto todo o casi todo, busca motivos para tener
el poder, cuando no tiene nada que perder, ¡gual busca motivos para pelear;
en una cerrazón del corazón con razones ciegas. Antaki
escribe sobre la pena de muerte "antes, la venganza era una cosa personal
y un deber familiar. Matar al que mató era un acto justo y moral".
Y así en el absurdo de humanos y de bárbaros nuestro corazón
aún está en la época donde se comían los unos a los
otros, sólo que ahora usamos cubiertos. Lo que se pretende no es matar
a quién quitó la vida, sino dar base con mentiras dentro de la farsa
para poseer las cosas que fortalecen al poder, en nombre de la libertad. Porque
después de todo, la palabra libertad es de verdad linda y muchas veces,
hasta parece que somos libres. La libertad grupal no existe, pero quiero creer
que existe una libertad personal, un leit motiv que nos hace "ser" sin
más. Y es que todo lo vamos glorificando, pluralizando. Las noticias
son efímeras aunque mantienen mucho papel en circulación o archivos.
No vemos esa historia como un motivo para aprender y no volver a caer en lo mismo,
sólo parecen estadísticas, palabras y hojas sin separar la paja
del grano. El primer gobierno es en casa, creo que al asomarnos al mundo
no vemos los hechos separando lo que ES de lo que OCURRE; pero la
guerra, la muerte esta en casa. ¡Vamos! qué sí no podemos
controlar la violencia familiar, ¿cómo controlaríamos el
terrorismo, los asesinos por dinero, los mercaderes de drogas y armamento? Empezamos
por gritar a los hijos, por hacer lo que se ha hecho desde siempre; sin separar
las buenas o malas actitudes, sin tomar la responsabilidad de cambiar uno mismo;
es más fácil cambiar al vecino, sin aprender de la historia personal. La
historia sirve a las brujas y a los mal llamados profetas para adivinar el futuro,
el porcentaje es alto para tener éxito como futurólogo, sólo
se toma el cincuenta por ciento y si le atinan a la resolución de este
evento están en primera plana. Vivir la vida es mucho más que eso,
es tomar la disyuntiva entre ser y dejar de ser, haciendo a un lado la superficialidad
y el ahora como si fuera lo único que prevalece. Es saber que lo que se
hace hoy toma la rienda del futuro. Gobernar no sólo es hacerlo en
un país, sino en el día a día, en la casa, en lo cerca. Y
no quiero pensar que habría que hacerlo sin esperanzas, o con pocas como
decía la misma Antaki
"como firmar un testamento sin que sea de ida y vuelta". Sería
mejor firmarlo encima del papel de la fe y con la tinta de la hermana difícil,
la esperanza. Gobernar desde lo personal con la razón del corazón
prepararía buenos gobernantes y tan sabios que pudiesen ejercer la filosofía
dentro de la ética, la moral, la verdad y la perseverancia. Pero sigue
siendo más fácil intentar inútilmente salvar al mundo, que
tomar las riendas de la propia vida, del entorno, de la familia, dejando crecer
la libertad en lo cercano. Hubo un gobernante que no tiene tanto renombre
en la historia porque no cometió un crimen, se llamo Antonino Pío.
Gobernó en Roma por 23 años y nunca hizo una maleta para irse a
poner orden en el Imperio. Su idea era mantenerlo sin una sola guerra y decía
"más vale conservar la vida de un solo ciudadano que matar a mil enemigos".
Hizo muchas cosas buenas. Casi todo lo hizo bien -nadie es perfecto-, la misma
Antaki menciona que su
único error fue darle el cargo del Estado a Marco Aurelio. La mayoría
de las diferencias importantes que llevan a la violencia tienen que ver con la
religión y la política -además del fútbol-, no es
por las distintas formas de pensamientos, es por las actitudes ante las diferencias.
No queremos morir pero matamos; la vida seguro está en otra parte; tal
vez en el sueño del espíritu pero sólo se dá cuando
estamos despiertos. Cierto que somos individuos pero hay un latido universal,
nada de lo que hacemos pasa sin pena y sin gloria; cada acto repercute como las
piedras que uno tira al agua del río en ondas expansivas. Las buenas cosas
nacen en la reserva, a la medianoche, a solas; si las buenas cosas se imponen
hasta lo malo se transforma en el bien; pero es complicado el bien en un mundo
donde la mejor defensa es el ataque. Y aún con el bien en la eterna
lucha contra el mal no se mejora el latido universal viendo la masa del problema
sino el origen y no está en el inmediato y no está en la lejanía.
El cercano somos nosotros, guerreros de la oscuridad, resolviendo líos
domésticos a gritos, engañándonos creyendo que educar es
someter a los hijos, vecinos y sociedad; peleando en la calle por la avería
del coche. En tonteras nos gastamos y la gran tontera es del tamaño del
país, no del individuo. Tampoco nos hace falta ir a ver a cada momento
al psiquiatra sino reflexionar más acerca de la ética personal,
retomar la filosofía como un estado permanente de vida, ser observadores
y hacedores del día a día. No somos perfectos pero sí perfectibles
podemos evolucionar, esa es la hermana triste, la esperanza. Porque como esto
de la evolución es personal y suele ser un camino solitario, preferimos
cubrirnos de luchas por los derechos de otros pisoteando en la cercanía
las flores para deshojar una sola margarita. En el fondo tenemos miedo de vernos
tal cuales somos. ¿Logística Guerrera? Lo
escrito por Maquiavelo
es interesantísimo, su problema de filosofía y política va
tomando cariz de lúdica ironía pérfida, Maquiavelo escribió
"hay que seguir los hechos, porque son múltiples, las causas por
igual, por ello hay que aprender de la historia", "el mundo es
inmutable, no cambia, hay siempre la misma suma de bien y de mal que atraviesa
los diversos lugares". Creo que algo parecido decía San Agustín
al respecto "podemos esperar lo peor y lo mejor", muy escéptico
el santo -quizás también por eso era santo-. Los hombres en
cambio no somos ni buenos ni malos, somos inconstantes, mutables, cambiantes,
caóticos, imprevisibles; tenemos dentro luz y oscuridad. Desde ella nace
la luz. Maquiavelo sabía que aún lo que escribía no serviría
para nada porque uno es el individuo ante la causa y otra es la causa del individuo
ante la sociedad. Además como en los evangelios cada quién entiende
una versión diferente de las mismas palabras. Las pasiones son humanamente
necias y es en las pasiones donde nos unimos para defender y defender es atacar. Sí
en vez de ver el macrocosmos, la masa, la gente, la sociedad viéramos las
circunstancias personales, el microcosmos individual comprenderíamos que
no basta saber sino que el conocimiento debe llevar a la actuación, a la
ejecución de los valores y las normas. Lo que hace grande al hombre no
es la sabiduría en si misma, es el ejercitamiento de ella en la ética,
la moral, abriendo la capacidad para diferenciar. No es la calidad de los políticos,
sino la relación de los políticos con la realidad y cómo
la escribiremos en la historia humana a base de guerras. Curiosamente son los
hombres (varones) los que hacen más la guerra, será por las testosteronas.
porque si el amor parte de pura química, la guerra, tal vez, igual, entonces
hasta la solución parece fácil; cambiamos esa parte y tenemos menos
guerras, menos hombres, menos hijos, ¿menos equilibrio?.
Dice la
historia que el hombre no peleo hasta que se dio cuenta que algo le faltaba -y
se dio cuenta pronto-. ¿Seguimos peleando porque algo nos falta?... petróleo
¿acaso? o ¿motivos para unir a la sociedad cuando se esta perdiendo
el voto del público?
Puede haber mil sin razones, pero este tipo de cosas
son vanas y superficiales. Los motivos del lobo son sólo motivos creados,
el origen individual de las guerras es lo más complicado de discernir.
No hay que ir lejos, ¿cuántas veces al día maldecimos
en vez de bendecir?, ¿cuántas decimos la palabra odio o ira en vez
de amor y paz?. Tampoco hay que pasarse de inocentes, el depredador comerá
carne y no será vegetariano. Somos en realidad lo que pensamos. Nos guste o no, hay que repetirlo: somos lo que pensamos. Continuar...
¿Qué caza el depredador?
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