| La paz y la guerra se aprenden en casa 
Es precisamente el hogar el primer Territorio Comanche
donde se aprende a cazar, a amar, a morir, a guerrear, a hacer la paz o la guerra.
¿Hay que amar para vivir en paz?. El
mundo perfectible nace en la casa, en el vientre, en el tomar conciencia de lo
que es la vida, al darla. No al darla en el momento de parir o concebir dos en
una unidad ¡no! va más allá, no es decir: ¡No mataras,
no robaras!, porque esto es un deseo, una manera de tener juicio o de tener utopías,
hay que dar la vida con sentido de la verdad ética y moral de los valores
objetivos y es usando, hasta que se nos acabe, el sentido común donde se
puede aprender a hacer el distingo entre lo que es y lo que debe ser y poner en
práctica las cosas con verdad interior, con objetividad. De nada vale que
las madres lloremos o hagamos un teatro o hasta marchemos en cualquier lado por
la paz, si dentro de casa toleramos la violencia, ejercemos la educación
a través de la violencia y nos escudamos en la debilidad para ser violentas
y parir en un juego de doble moral. La guerra nace al amenazar para que
los chicos se porten bien, al mentir o engañar desde las pequeñas
cosas; es difícil ser leal en casa y actuar sin violencia y educar sin
amenazar?. Pues no, con sentido común, con lealtad a uno mismo, con sinceridad,
desde el corazón con cojones, pues no. Lo demás... es sólo
un pretexto para hablar de la paz, desde la guerra personal. Y
la paz ¿se edifica en los valores?. La paz nace en el ser humano,
en la filosofía pacífica, en los valores morales y vivenciales.
Por eso es otra historia porque no nace de la inocencia malsana, ni de la credulidad
de que todo debería ser bueno. Somos luz y oscuridad, somos individuos
pero estamos inmersos en el destino del universo. Hay que ir paso a pasito. Los
valores universales funcionan si se mira con detenimiento la geografía,
el marco circunstancial de la sociedad en la que vivimos, sin globalizarnos y
al mismo tiempo sin dejar de ser parte del mundo. No somos ni seremos una sociedad
perfecta, no vivimos ni viviremos de manera perfecta. Los derechos y las obligaciones
nos pertenecen a todos y es desde casa donde se puede intentar perfeccionar la
verdad y con ello dar marco a la paz. Es en las cosas diarias donde esta
la batalla la verdadera identidad guerrera sana, es hoy donde se forja el mañana
y ¿qué mañana espera si somos pacifistas pero gritamos a
los niños?, si nos oponemos a la pena de muerte, pero matamos almas, corazones,
sentimientos. Que levante la mano el que las tenga libre de pecados, ¿culpas?,
¿sangre?. No, pues no. Todos hemos asesinado algo interior o exterior,
todos hemos hecho guerras, aunque sea frías y tapados por la sábana
durmiendo con el amigo o enemigo. Pero podemos evolucionar, cambiar. Nada es para
siempre ni tenemos que ser iguales sin intentar al menos conocernos a nosotros
mismos. Es lindo pensar en un mundo mejor, pero no se dará solo,
el mundo mejor esta en la cercanía. ¿Estamos mal? pues probablemente
porque el mundo esta enfermo de enfermarnos; pero no hay enfermo que dure cien
mil años, ni medicina que no encuentre forma y sentido; al menos esta es
parte de la esperanza, la hermana difícil de la fe. Tampoco quiere
decir que es el fin del mundo, o que las profecías sean ciertas y el 2002
sea el inicio del cambio del hombre finalmente hacia la evolución, comenzando
por cambios climáticos importantes tanto, que durante los próximos
años seremos presa de devastaciones graves, eso llevará a la humanidad
a unirse, a ser más en sí misma de lo que es hacia afuera y, según
la profecía por allá del 2023 el hombre será pensante, actuante
de otra manera como humanidad. La tierra también tiene palabra escrita
en eones, en piedras, en cataclismos no como castigo, sólo porque también
tiene vida. ¿Y la bella palabra libertad?. Pues
esta envuelta en una túnica, desnuda como una lechuga, tomada entre los
brazos de la justicia y los ojos de la verdad; libertad, sin brazos, sin visión.
Para hablar de libertad hay que saber dónde se encuentran ubicadas las
responsabilidades; porque suelen hablar de libertad quiénes no son responsables. Dice
Antaki que la segunda
condición para el surgimiento de la civilización es la "templanza"
habiendo pasado por la primera que es "la geografía difícil".
La quinta condición es "la desigualdad" porque se hacen
civilizaciones forzando a la naturaleza pero, si se le fuerza demasiado se le
destruye. Cada lugar destruirá su civilización por sí misma
si es que no usa la virtud para mediar entre las exageraciones de los vicios en
nombre de las virtudes. ¿Qué lleva a la construcción? Los
pueblos son frágiles hay que respetar el escaso equilibrio, las personas
somos frágiles, podemos hacer cambios en nosotros si se llevan a cabo con
la menor destrucción posible, con paso suave, sin romper el equilibrio.
Si se obliga a un pueblo que vive aún el siglo XII a pasar rápido
al siglo XX, se rompe el equilibrio. Si se usa y abusa del lenguaje de odio, de
destrucción, si se asesina el respeto y la confianza viene la barbarie",
menciona Antaki. Dicen que los poetas deberíamos tener cuidado con
la palabra y vuelvo a Antaki
"somos los que hablamos y escribimos. Conozco bien la guerra, mientras no
está aquí, la despreciamos. Pero cuando está presente, parece
imposible detener a los poetas: la rima sigue siendo el mejor tambor. El primer
consejo de guerra no es el de los generales, sino el de los intelectuales, lejos
de los combates, sirven para volverlos despiadados". Añadiría
que no sólo los poetas deberíamos tener cuidado, sino los que usan
estandartes pacificadores porque en el éxtasis los poetas crean cantos
de guerra dándole un toque seductor y los pacifistas son peligrosos porque
olvidan las cosas cercanas, luchando sin dar el ejemplo en el día a día.
No
creo que sea callándonos, guardando la tinta como se cierra la puerta a
la violencia, sino ejerciendo la palabra sin la lírica de muerte, sin frivolidad,
sin superficialidad, tomando en cuenta que formamos parte del mismo respiro, luchando
como si hubiésemos ido al frente de guerra y supiéramos los que
dicen los rifles y no repitiéramos su devastación para no tener
más muertos. Luchando desde la trinchera en paz, con uno mismo; por
la paz, en la paz. Desde dentro, desde el origen de uno mismo y joderse a diario
con "Conócete a ti mismo"; porque la única manera es sabernos,
conocernos, intentar evolucionar un poco cada día, o un poco en toda la
vida; no conformándonos con mediocridades. Formándonos con el día
que vamos acariciando en la sabiduría y humildad que nace del saber y el
conocimiento conlleva una responsabilidad enorme, pues a cargar con eso también. No
ha cambiado el mundo, ni el acelere que le damos a través de la Internet,
no hay finales de la humanidad , ni conclusiones históricas. Sólo
logramos asir en pequeños espacios el tiempo, concebir en sueños
muy locos que somos humanos con derecho a evolucionar con valores intemporales:
ética, verdad, cabalidad, honestidad. No sé si es verdad que
el pez grande se come al pequeño. Es cambiando la actitud como las cosas
se muevan y aunado a eso los milagros sólo existen para los que creen en
ellos :) es la virtud plena, libre de mediar, no creer los cuadros exagerados
de que vivimos con el justo castigo por explotar, por tirar árboles, por
ser corruptos, por no tener moral, ni esa frase de que "tenemos el gobierno
que merecemos". A otro perro con el hueso, cada vez que lo repiten o
repetimos vamos creyendo en eso y resignados lo aceptamos, tenemos lo que tenemos
porque así lo decidimos pero ¡cuidado!, podemos decidir otra cosa
y las cosas cambiaran radicalmente. Tenemos lo que tenemos porque sentimos que
un granito de arena no sirve para nada, el día que se nos ocurra tomar
en serio un granito de arena o una gotita de lluvia, la misma actitud de cambio
tendrá la fuerza evolutiva que marcará la diferencia en gran medida.
No hay crisis económicas, por más que nos vendan esta idea, la única crisis que atravesamos es la moral, la de los principios que parece se han cambiado al final. Lo que antes nos daba pudor, ahora es motivo para presumir. Contamos los secretos como un logro, olvidando que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras y eso, se convierte en una bolita que al ir cayendo, se lleva todo a su paso; incluso a nosotros mismos. Hay que defender la paz con la paz misma, lo demás es inconclouso; parece una solución pero es corta y se convierte en parte de la cadena que nos tiene atados a la guerra. Hay
que cuidar la virtud con sigilo, con modestia, sin cinismo, sin cobardía.
No hablar de guerra o de odio sistemático. No hay nada invencible, ni nada
imposible. Desde la trinchera de la paz se puede hacer mucho si estamos dispuestos
a pagar el precio que no es poco. Si hiciéramos publicidad de paz
redibujando con la virtud, ejerciéndola en casa, rompiendo los mitos de
la sociedad, trabajando para la sociedad misma desde la casa, desde uno mismo,
quizás nuestros hijos estarían en la disponibilidad de vivirla aunque
para nosotros sea sólo una utopía. Combatir...
resistiendo. Combatir resistiendo al mal es un a tarea personal. Si fuera
lidereza convocaría a una resistencia haciendo la paz, convocaría
a una paz por el derecho al amor y sobre todo a la ternura porque los tiernos
somos una cultura con lengua casi muerta, porque estamos en vías de extinción
en aras de no ser cursis. Porque miro el futuro con mucho de ironía
y una mañana, muchos siglos más tarde, un arqueólogo descubrirá
restos de la ternura y escribirá "hubo una raza de hombres y mujeres
que hablaba una lengua que no se entendía, se vestían de pasión
pero eran capaces de abrazar el río y su cauce, de hacer el amor viéndose
a los ojos, de reír porque una mano infantil que no era su hijo/a necesitaba
un rato de mimos para pintar las hojas de los árboles con la palabra Paz
y eran capaces de bañar a otro ser humano de la misma edad cantándole
arrullos y luego llevarlo a la cama y besarlo desde dentro con una inconmensurable,
loca e infinita ternura. Se extinguieron sin motivo y sin razón". ¿Puede
haber paz?. Si, puede desde el corazón guerrero con honor y valores.
Desde la casa, amando con ternura pero, esto lo han dicho de mil maneras. Hay
que hacer el amor no a una persona, no a muchas sin ton ni son. Hay que hacer
el amor sin promiscuidad. Hay que ser fieles a nuestro ser. ¡No dá
igual!. Hay que hablar de la paz, desde el amor, no desde el odio o la destrucción.
Puede haber paz donde no hay miedo, donde existe el respeto. Puede haber paz sólo
desde uno mismo. La guerra de besos y de almohadas, que sean todas la manos las que empiecen la guerra de almohadazos.
Mi propuesta es ésta:
Se
puede hacer la paz haciéndole el amor al mundo con tanta ternura que arrebate
la violencia. Podemos vivir en paz haciendo el amor con vocación de kamikaze
y contra todos los tambores de guerra pertenecer a la resistencia amorosa que
canta y sabe que Amar es lo único que nos hará evolucionar. Amar
es la razón, Amar como principio para la valentía de vivir tiempos
pacíficos.
Sólo hay que amar para vivir en paz. Hasta que
encontremos una sin razón más para hacer otra guerra :) y ojalá fuera una guerra de besos o de almohadzo... y no con piedras.
Ylia Kazama
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