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Biografía de Francisco Javier Gómez Bello
Incursionar en la biografía de alguien, si no tenemos información fidedigna es más que difícil y ese es el caso que me ocupa, porque el personaje, desde que tuve noticia de él en 1971, por boca del extinto e ilustre maestro don Hilario Jurado Martínez, presidente municipal de Altotonga de 1970 a 1973, siempre me ha apasionado, máxime ahora, en el umbral del bicentenario de la Independencia. No todos los pueblos y ciudades del país pueden jactarse de tener un prócer o luchador social que haya participado en acontecimientos históricos como éstos y Francisco Javier Gómez Bello sin lugar a dudas lo fue, sólo que su recuerdo, aunque presente en el nombre de una congregación del municipio de Altotonga1 , y en el nombre del parque de la cabecera municipal, cercanísimo al sitio donde nació y al lugar donde reposan sus restos mortales, es una vaga estela que se pierde en la monotonía cotidiana y, al no haber información, las historias orales heredadas por la tradición, en muchas ocasiones en vez de ayudar dificultan el claro conocimiento del personaje; por ello, antes de seguir adelante con esta breve reseña histórica o esbozo, muy por encimita de su biografía, quisiera agradecer la invaluable ayuda de María Eugenia, mi hija, quien ha consultado archivos en la ciudad de Xalapa; de mis queridos amigos Magdalena Cortés Guzmán y el ingeniero Alejandro Guzmán Ramos y su querida esposa, Mary Carmen Gómez de Guzmán, tataranietos del general Gómez Bello, quienes de manera gentil, desinteresada y entusiasta me han proporcionado cartas, documentos, escritos, fotografías de los óleos originales del personaje, además de animarme y hacerme comentarios respecto de mi investigación, así como al diligente y acucioso estudiante de Derecho Martín Justo Preza, mi amigo, quien ha hurgado en archivos y bibliotecas de la región; sin el concurso de todos ellos, esto que se está cocinando ni siquiera hubiera sido posible comenzarlo. Ahora bien, quiero agradecer de manera muy especial al joven historiador Noel Merino Hernández, con grado de Maestro en Historia, sus consejos sobre las distintas líneas de investigación en la búsqueda del personaje y su apreciación muy especial en que me hace ver que Francisco Javier Gómez, en algunos documentos que él consultó en los archivos de la parroquia de Jalacingo, Ver., escribía su apellido con “s”, así como a mi amigo Abel Juárez Martínez, insigne historiador y prolífico escritor, que me puso en contacto con Noel Merino Hernández, de quien había oído hablar desde hace tiempo, pero no habíamos coincidido. Agradezco también de manera muy especial al licenciado y Maestro en Historia Rogelio Aguilar Jiménez, quien de manera diligente me ha auxiliado en la investigación de manera exhaustiva aconsejándome, obsequiándome material bibliográfico de época y poniéndome en contacto con diferentes fuentes de información.
Al comenzar a indagar sobre el año de nacimiento de nuestro personaje, la tradición oral de su familia me hizo mucho hincapié en que la madre de éste, le impuso una medalla de plata de la virgen de Guadalupe que había sido acuñada a principios de 1795 como desagravio al discurso pronunciado por el fraile dominico fray Servando Teresa de Mier, el 12 de diciembre de 1794, al celebrarse la conmemoración número 263 de las apariciones; a la fecha, esta medalla obra en poder de uno de los tataranietos de Francisco Javier Gómez Bello, situación por la que en un inicio yo afirmaba que el año del nacimiento oscilaba entre 1794 y 1795.
Francisco Javier Gómez, prócer de la consumación de Independencia y destacado defensor de la villa de de Córdoba en el mes de mayo de 1821, nació en la ciudad de Altotonga, Ver., en 1793, según consta en la hoja de servicios del año 1825 del entonces Coronel de Infantería Permanente, en poder del archivo histórico de la SDN (expediente 2640). Se cree, dada la tradición religiosa en especial, que haya nacido el 4 de octubre, en la esquina que conforman las calles de Hidalgo y Rayón, en la casa ahora propiedad de la familia Amorós Herrera, donde hay una placa que consigna el hecho sin mencionar año, día o mes. Pero definitivamente nunca fue, de inicio, “insurgente original” como tal y como suele afirmarse; es a partir de marzo de 1821 que él y las gentes de su compañía se adhieren a la causa de la independencia. Para leer más click aquí y se abrirá el sitio del escritor mexicano Fernando de la Luz...
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